Los valores del dibujo

La creatividad es un valor al alza en nuestra sociedad y las empresas demandan cada vez más gente que sepa resolver problemas complejos con ideas nuevas. Pero, ¿cómo se cultiva esta disciplina? Pues haciendo cualquier actividad sin miedo a equivocarse, sin temor a ser criticado y recuperando la audacia, la curiosidad y la despreocupación que teníamos cuando éramos niños.

Una lectura atenta y reposada de la introducción de Daniel Brambilla en el libro “Dibujo de la figura humana. Gestos, posturas y movimientos” te hará descubrir todo lo que puede aportar esta disciplina a tu personalidad.

Descubre qué es lo que puedes aprender cuando te dispones delante de una hoja en blanco para dibujar.

Despertarás tu curiosidad. Cuando uno empieza a dibujar se vuelve curioso. Y es que para dibujar algo primero lo tienes que haber observado o, al menos, si no se da el caso, haberlo imaginado.

Aumentarás la autoconfianza. Después de dibujar algo en un papel y contemplar la obra realizada eres más consciente de todo lo que puedes llegar a hacer por ti sólo. Y es que la inactividad es el mejor aliado del miedo, mientras que la acción es la mejor amiga de la seguridad.

Te ayudará a resolver mejor los conflictos. Dibujando regularmente uno lo que descubre es que un mismo tema se convierte en un nuevo problema, irrepetible y único. Y es que una cara nunca la dibujaremos de la misma manera, por mucho que nos esforcemos. Cada dibujo es diferente, como las distintas situaciones que nos presente la vida.

Te permitirá conocerte mejor. La persona que dibuja con asiduidad no debería revisar sus obras para juzgar si son bellas o feas, sino para descubrir algo nuevo en la forma de expresión y averiguar algo distinto sobre su propia persona.

El dibujo es un ejercicio apto para todos los públicos y que muchos necesitan para ser mejores personas.

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